.
.

Al servicio del mundo laboral y sindical

.

Sofía Calderón, abogada y directora de la Comisión de Derecho del Trabajo, Abofem: “La Pandemia ha agudizado nuestra esclavitud”


Copy of PARA SINDICAL.CLEn el mundo del trabajo, la brecha de género se refleja en distintas problemáticas que han sido levantadas por diversos actores sociales desde hace ya varias décadas, como las campañas por la igualdad salarial, los currículums ciegos y las normativas tendientes a la armonización del trabajo con la vida familiar. 

 La segregación tanto horizontal como vertical que sufren las mujeres, está ligada a su rol reproductivo, a las tareas domésticas y a las labores de cuidado de personas dependientes. En todos estos casos operan multitud de prejuicios y estereotipos de género que solo profundizan la división sexual del trabajo y coartan su integración efectiva en el mercado laboral, incluso, antes de haber comenzado a transitar ese camino.

Esta es la cruda realidad de las mujeres y su integración social en Chile. Hoy más que nunca reivindicar sus derechos y fortalecer su rol como actor relevante en las decisiones de este nuevo proceso se convierte en una de las grandes tareas de quienes tendrán la misión de escribir la nueva Constitución que regirá el futuro de Chile para los próximos 40 años.

¿Cómo cree que el nuevo proceso constituyente podría abordar el reconocimiento del trabajo doméstico o de cuidados? ¿Cuáles son las esperanzas puestas en la nueva Constitución?

El reconocimiento constitucional del trabajo doméstico y labores de cuidado, como una actividad productiva de interés y beneficio social, es de vital importancia para mejorar las condiciones de vida, subsistencia y proyección laboral de quienes desarrollan estas actividades, a saber, mayoritariamente mujeres.  En cuanto a la forma en que este reconocimiento puede ser integrado a nivel constitucional, no tenemos que ir muy lejos, Bolivia, Venezuela y Ecuador, son ejemplos de ello.  

 Por primera vez hay tanto feminismo, ecofeminismo, ambientalismo, y demandas sociales representadas en este tipo de órgano. Esperamos que al menos se reconozca el valor productivo y social del trabajo doméstico y las labores de cuidado, que se le garantice la calidad de un trabajo digno y por tanto, una remuneración digna y seguridad social.

 En cuanto a las brechas de género, esperamos la consagración del principio de igualdad en sus diferentes expresiones, y concretamente la consagración del principio de igualdad de oportunidades en el acceso al trabajo, igualdad salarial e igualdad de oportunidades de capacitación. Para que estos anhelos no queden convertidos en poesía, es necesario que la Constitución señale cuáles órganos del Estado serán los encargados de implementar y promover la aplicación de estas políticas y la concreción de estos derechos.

 ¿Cómo podemos avanzar en la disminución de las brechas de género en el mundo del trabajo?

Nuestro primer objetivo tiene que ser, indudablemente, combatir los estereotipos de género. Con esto a la vista, es necesario transversalizar la capacitación en temáticas sobre igualdad en el mundo del trabajo, sobre todo respecto de empleadores – en general, gerencias, jefaturas, departamento de RRHH, etc.- ya que la primera valla que debemos sortear es la del acceso a los puestos trabajo, en otras palabras, igualdad de oportunidades.

 También se hace imprescindible la proliferación, y aplicación efectiva, de legislación y políticas públicas que busquen establecer, entre otras cosas, la igualdad salarial entre hombres y mujeres, y que promuevan un cambio de paradigma respecto de quién se hace cargo del trabajo doméstico y las labores de cuidado, suprimiendo el estereotipo y la política capitalista de explotación gratuita de las mujeres.

 ¿Cuál es su análisis de la pandemia y el acceso y mantención del trabajo de las mujeres en Chile? ¿Cómo ha afectado a las mujeres la pandemia?

 No hay duda de que las grandes perdedoras hemos sido nosotras, la pandemia no sólo ha venido a retrotraer nuestra participación laboral, sino que además ha agudizado nuestra esclavitud. Sin redes de apoyo comunitarias, familiares o incluso institucionales, debido al distanciamiento social, hemos sido nosotras solas las que hemos tenido que resolver, como circo pobre, cómo conciliar el trabajo o teletrabajo con el cuidado de niñas, niños, adolescentes, y otras personas dependientes, la tele educación y el trabajo doméstico, todo esto en espacios reducidos, en muchos casos en hacinamiento, y con prolongados tiempos de encierro obligado.

 En estas condiciones, cada hora de la vida de una mujer constituye un trabajo, y las políticas que se han implementado no han podido hacerse cargo de esta realidad.