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Yonathan Lara: “La pandemia ha dejado a la luz las carencias que tiene el servicio” 


Sin título-2Mi nombre es Yonathan Lara, hace 16 años que trabajo en Gendarmería como cabo segundo y secretario nacional de la Asociación de Gendarmes de Chile. Tengo dos hijos, vivo en San Javier y actualmente cumplo funciones en el subdepartamento de Servicios Especializados en el Tribunal de Justicia de Santiago.

Nuestra función es importante, servimos al país, brindamos seguridad con nuestro compromiso, preparación y mucho temple. La vida del gendarme no es fácil, hay que tener vocación, sobre todo en este tiempo en que los imputados y condenados bajo nuestra custodia tienen miedo de contagiarse y morir en la cárcel.

Este tiempo ha sido complejo. Estamos expuestos. En muchas unidades hay focos de contagio en funcionarios e internos. Hemos adaptado los turnos, para trabajar de forma aislada. Nosotros nos cuidamos, tomamos los resguardos; usamos mascarilla, alcohol gel,  cuidamos el lavado de manos, pero los insumos son escaso. Día a día se suman nuevos casos de funcionarios que han salido positivos al Covid-19 y ya no hay PCR en el hospital de Carabineros. Varios están haciendo cuarentena preventiva a la espera del resultado. Estas bajas nos han significado un debilitamiento en la unidad y una sobrecarga al personal que está trabajando, por eso tratamos de cuidarnos entre nosotros.

La pandemia también ha dejado a la luz las carencias que tiene el servicio en muchas áreas, como el estado crítico de la infraestructura de algunas unidades penales, donde el hacinamiento hace complejo el combate de esta pandemia. Este problema es algo que se arrastra hace tiempo ya que los recursos asignados por el Estado no alcanzan. Muchas veces el vestuario o equipo que nos entrega el servicio no es lo óptimo. Muchas veces con nuestro dinero compramos ropa y las cosas que necesitamos para dar una buena imagen corporativa y  tener una buena presentación personal. Somos como el patio trasero de las otras instituciones, nunca han buscado una solución para poder modernizar el servicio, solamente medidas a corto plazo.

Debemos lidiar con la  precariedad en la que viven los internos, que también afecta a los funcionarios. Esa es una realidad invisibilizada. Muchas veces trabajamos con turnos extensos, con una carga psicológica importante. Tenemos duplas psicosociales, pero no son suficientes. Hoy las condiciones de hacinamiento son un agravante sobre todo en este contexto de la pandemia.

A veces que uno se desmotiva, cree que las cosas nunca se van a solucionar, hay momentos que queremos dejar todo, pero seguimos porque hay familias detrás. También nos apoyamos entre colegas. Con la mayoría se generan lazos de amistad, esta es mi segunda familia y pese a lo riesgoso de este trabajo y en ocasiones poco valorado,  uno le toma cariño a la institución, más en este tiempo de pandemia, porque uno le toma valor a lo que hace y a la importancia que tiene el rol de la seguridad pública del país. Ser parte del orden social es gratificante.

Nos  acostumbramos a estar lejos de la casa, pero dejar pasar muchos días sin ver a la familia es complejo. Afortunadamente en este tiempo estamos trabajando con un sistema de turnos que me ha permitido poder estar cerca de mi núcleo familiar, pero siempre con temor de contagiar a mis seres queridos. A veces he pensado en no viajar para no exponerlos, pero es difícil, se echa de menos.

Yo soy católico. En ocasiones le pido a Dios que me proteja, a mi familia y que ojalá esto pare luego, pero sé que esto se aleja de las manos de Dios. La pandemia va a servir para darse cuenta que no somos nadie, quizás por algo está sucediendo esto, y podemos valorar lo que antes teníamos cambiando ciertas actitudes, viendo la vida de otra manera.