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Los impostergables cambios civilizatorios


20160808 BFigueroa SindicalOPINIÓN: Los cambios sociales en Chile, han sido cada vez más cuestionados con el avance del Gobierno, sobre todo en la actual coyuntura económica, donde parece que algunos añoran aquel Chile de los ‘90 donde el gatopardismo se impuso en la política nacional, donde el lugar político era el centro y los parlamentarios de Concertación y Alianza estaban de consenso.

Por: Bárbara Figueroa, Presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores

Los economistas y parte de los viejos políticos, nos ha planteado una falsa dicotomía en este último año, debemos elegir entre los cambios que den paso a un país más igualitario y los cambios que den paso a un país más productivo, contrabandeando la idea noventera del crecimiento construido sobre una necesaria desigualdad social, un crecimiento que dicho sea de paso ha sido desmentido por la última década de modelo neoliberal.

Esta ola conservadora y restauradora de la política, la economía y la cultura chilena, ha llegado para decirnos que debemos abandonar nuestros compromisos sociales y que debemos descartar el programa que llevo a algunos de ellos a sus cargos de representación pública. El establecimiento neoliberal se había levantado nuevamente, no como un movimiento renovador, sino como parte de las réplicas de un sistema que se derrumba ante nuestros ojos y los del mundo.

Pero nuestra elite, la neoliberal más ortodoxa, aun insiste con las fórmulas que han fracasado frente a un problema que no logran entender, así el problema de gobernabilidad se instala como uno de los más profundos de los últimos 26 años. Pero este no es un problema de la aplicación de un modelo neoliberal más o menos humano, el problema es que el modelo neoliberal se agotó y aún no aparece el nuevo modelo de desarrollo que nos va guiar por los próximos 20 años.

En este escenario es que irrumpe la movilización por “No más AFP”, derribando de un plumazo todas las ideas conservadoras, devolviéndonos un poco de realidad y poniéndonos los pies en la tierra. Los graves problemas en las injustas pensiones en Chile  se alzan como un eslabón más de un largo problema en nuestro país, la desigualdad sigue aquí determinando el devenir de una sociedad fracturada entre el 99% de la población y el 1% más rico del país.

Quiero que se entienda bien, el problema del sistema de pensiones en Chile es profundo y actual, existe una inmensa necesidad de que el sistema sea justo en cuanto a las pensiones que entrega, libre para que cada uno de nosotros pueda elegir el sistema de reparto o no, solidario para que volvamos a reconocer que este no es un problema del individuo es un problema social. Mientras no consigamos imponer esas premisas, no avanzaremos en resolver el problema del sistema de pensiones. Debemos reemplazar un sistema regresivo de previsión por un sistema profundamente progresivo de solidaridad social.

Pero al mismo tiempo, el debate de un nuevo sistema de pensiones sigue los mismos patrones de debates como la Reforma Laboral y la Reforma Educacional. Necesitamos un cambio civilizatorio en la forma en que nos relacionamos. Un cambio civilizatorio que dé cuenta de la necesaria igualdad social entre los individuos, que nos dote de pensiones justas, de educación universal, de libertad sindical, de salud de calidad, y un largo etcétera. En general un cambio que provoque un desarrollo de las relaciones sociales, reconociéndonos a todos como ciudadanos, donde las necesidades sociales sean encauzadas por el bienestar común.

Por eso, desde mi perspectiva la marcha no más AFP, tiene un sentido más profundo en la lucha de posiciones que conmueve a nuestra sociedad, pues viene a reponer la necesidad de un camino de reformas con sentido distributivo, viene a reponer como sentido común la justicia social.

Pero todo esto adquiere otra dimensión cuando escuchamos a viejos políticos hablar sobre la ingobernabilidad, sobre la crisis de la política, cuando los escuchamos decir que tenemos desandar el camino de más justicia social y volver a regirnos por las ecuaciones de los economistas. Pues se hace evidente que la crisis no es de la política como fin en sí mismo, es la crisis de la política como herramienta de conquista de derechos y redistribución de riquezas.

Como es posible que la política tenga sentido, si todavía hay niños maltratados por el Estado, si aún no somos capaces de integrar las reivindicaciones de la nación Mapuche, si aún existen poblaciones callampas, si la educación de calidad no llega, ¿cómo es posible ser ciudadano si la sociedad no nos protege a todos nosotros?

Insisto, lo que debemos proyectar es el ánimo de cambios civilizatorios en nuestra sociedad, los que incluyen al nuevo sistema de previsión social en Chile, pero que lo superan largamente. Si solo nos quedamos con la masividad, con los parlamentarios expulsados, con el debate de que es mas de izquierda, en una catarsis que no hemos podido resolver, habremos permitido una vez más que el discurso del crecimiento con desigualdad se recupere, que vuelvan a desempolvarse los discursos y que los liderazgos que nos guíen sean aquellos que nos quieren llevar de vuelta a un proyecto neoliberal fracasado.

Necesitamos encontrar en estas demandas sociales no sólo la legitimidad de nuestras ideas, si no los cambios que debemos realizar de conjunto a la sociedad, los que deben incluir un nuevo modelo de desarrollo que contenga como principio fundamental la igualdad. Este es un tiempo en disputa, donde el consenso activo del antiguo modelo político lucha por recuperar su lugar dentro del sentido común de la sociedad. Es nuestro deber poder encontrar el nuevo consenso activo que encause los cambios civilizatorios, de cara a un nuevo momento de disputa social y política en nuestro país y de continuidad al programa de reformas que le dan sentido a este Gobierno.