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Al servicio del mundo laboral y sindical

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Desempleo en Santiago


Durante el mes de septiembre hemos tenido la buena noticia de que el desempleo en el Gran Santiago bajó a un 7,2%, lo que significa una disminución de 0,4% respeto de la medición realizada en el mes de junio, según informa el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile. Nos alegra que el desempleo en nuestra patria y, en  especial en nuestra ciudad que acoge a millones de habitantes del país, haya bajado, pero sigue siendo una tasa de desempleo que nos alerta de sus posibles efectos en los más pobres y vulnerables. De aquí la importancia que tengamos políticas laborales y de empleabilidad que sean adecuadas para hombres y mujeres y también respeten la dignidad de toda persona: no sólo más empleo, sino de mejor calidad, con más protección social y más equidad en la distribución de las recompensas que son fruto de la mayor creación de riqueza. Es decir, y empleando los términos acuñados por la OIT, más trabajo decente para todos.

Entidades tan diversas como Horizontal o Fundación Sol coinciden en su preocupación porque la recuperación del empleo contenga un componente tan alto de trabajo precario, en términos tales que a un porcentaje apreciable de personas con trabajo, sin embargo, no les es posible salir de la pobreza. Eso es también caldo de cultivo para la deserción de los trabajadores hacia economías ilegales u otras reformas corruptas de obtener los medios necesarios para vivir.

Es una ofensa cuando el desempleo y las diversas formas de empleo precario afectan a los más débiles y a las personas con menos educación, porque es tanto un problema del país como de las instituciones que no han aportado a que estos hombres y mujeres que quieren trabajar, finalmente no puedan hacerlo. Se añade el insulto a la injuria cuando se estigmatiza a los que tienen menos y peores oportunidades –especialmente las mujeres, los jóvenes y quienes carecen de una organización sindical fuerte adecuada- y luego se los responsabiliza de esa situación a la que las más de las veces han sido arrojados sin culpa (“los pobres son pobres porque son flojos”, como oímos decir tantas veces de boca de quienes parecen no poner atención a la gravedad de lo que afirman).

Hay que animar a que se suscite un gran pacto social que aúne en diálogo los esfuerzos tanto de los trabajadores, como de los empresarios y del Estado, para que la dignidad del trabajo, y el desarrollo de la subjetividad que envuelve, sean ensalzadas, tal como es el proyecto contenido en Laborem Exercens de Juan Pablo II. El ser humano no está al servicio de la economía, sino la economía es la que debe estar al servicio del desarrollo humano. Entenderlo de otro modo sólo servirá para avivar el conflicto envuelto en lo que hace ya más de un siglo fue llamada “la cuestión social” que, pese a todos los progresos que la humanidad ha acumulado a la fecha, no ha sido satisfactoriamente derrotada.

Pbro. Andrés Moro

Vicario Pastoral Social Caritas